Dentro del casco urbano, en el límite entre los dos barrios que componen el pueblo, se localiza una ermita abandonada, de origen medieval que fue construida en estilo románico en torno a 1200. Tiene una sola nave con tres tramos y cabecera semicircular abierta en el centro del muro por una pequeña saetera abocinada.

Esta estructura, con sus muros perimetrales y sus arcos tajones parecen resto de la primitiva fábrica medieval al contrario que la actual cubierta a dos aguas, que presenta una traza más moderna igual que los soportes de los arcos. Al exterior se aprecian asimismo los gruesos muros medievales labrados en tosca sillería irregular que componen un macizo volumen horizontal donde destaca bien el semicilindro de la cabecera.
Su portada románica, sobria u bella, puede contemplarse en el interior del templo parroquial, a donde fue trasladada para asegurar su conservación.